No hagan de sus casas unas tumbas. Ciertamente, el Demonio huye de una casa donde se recita la sura de la vaca ("suratul-baqarah")
Al-lah dijo: “He dividido la oración (as-salat) en dos mitades entre mi siervo y Yo, y Mi siervo obtendrá lo que pide
¿No has visto las aleyas que han descendido esta noche? No se han visto iguales nunca, (Di [¡Oh, Muhammad!]: Me refugio en el Señor de la alborada,) y (Di [¡Oh, Muhammad!]: Me refugio en el Señor de los humanos.)
O Abul Mondher, ¿Sabes cuál es la aleya más grandiosa del Corán? Fue cuando dije: {Al-láh no existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Él, Viviente, se basta a Sí mismo...} [Al Baqarah: 255]. Entonces el profeta me golpeó levemente el pecho y me dijo: O Abul Mondher, Te felicito por este conocimiento que tienes
Que el profeta —que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él—, al ir a la cama cada noche, solía juntar ambas manos, luego soplarlas y recitar en ellas las siguientes suras {Di, Él es Al-láh, la única divinidad}, {Di: me refugio en el Señor del rayar del alba} y {Di: me refugio en el Señor de los humanos}
El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- envió al frente de una expedición militar a un hombre que, al guiar a sus compañeros en la oración, solía terminar su recitación del Corán con la Sura de Al-Ijlas [Corán, 112].
Mientras que el ángel Gabriel, sobre él la paz, estaba con el Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, oyó una voz que venía de arriba.
Un hombre estaba recitando la sura de La Cueva (Al Kahf) y donde él había un caballo atado con dos cuerdas.
"En el Corán hay una sura que tiene treinta aleyas, las cuales intercedieron por un hombre que las recitaba hasta que fue perdonado"