Todo pueblo tiene una persona distinguida por su honestidad, y nuestra persona más honesta, oh pueblo mío, es Abu Ubaidata Ibn Al-Yarrah.
El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, portaba dos armaduras el día de la batalla de Uhud. Cuando quiso subirse encima de una roca, no pudo, pero Talhata le ayudó montándolo sobre su cuerpo hasta que se subió encima de la roca. Entonces, dijo: “oí que el El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, dijo: ‘¡Oh Al-lah, compensa a Talhata!’.